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¿Es posible predecir el futuro en los negocios?

Los que adivinan el futurólogos, brujos, astrólogos, psíquicos, profetas y otros, han sido los disparadores durante la historia de todo tipo de predicciones. Todavía, estos videntes o aspirantes a videntes tienen influencia en las decisiones del futuro. Aunque millones de personas continuarán ocultándolo y seguirán confiando en el arte de la adivinación, la evidencia pasada da a entender que la predicción del futuro no ha sido muy exitosa.

Hacer pronósticos de una manera más científica es algo que ha venido sucediendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando la bomba atómica tomó desprevenida a la mayoría de la gente. Para evitar tales sorpresas, nació una completa y nueva disciplina: la futurología. Encontramos en estos últimos años a Joel Barker, John Nasbitt y Alvin Toffler, entre otros. El futuro es la única parte de la vida que podemos cambiar con lo que hacemos o con lo que no hacemos. Si vamos a crecer y a progresar en nuestras profesiones, debemos equiparnos con las disciplinas y el conocimiento necesario para ser proactivos con las amenazas y las oportunidades del futuro. Nuestra supervivencia y nuestro bienestar dependen de nuestra capacidad para anticipar y lidiar con las amenazas y problemas futuros, para percibir, evaluar y controlar los efectos de nuestras acciones y así imaginar y crear futuros más deseables.

A algunos economistas les gusta salir en programas de televisión y debatir ferozmente sobre el impacto potencial de propuestas como la que señala un aumento en el porcentaje de descuento por parte de la Reserva Federal estadounidense. Uno dice que el incremento nos estimulará hacia el regreso a los tiempos más felices de la economía, mientras que otro sonreirá con presunción y dará a entender que su adversario no sabe nada y que estará poco cercano a la predicción económica.

¿Qué diferencia hay entre este debate y batalla de argumentos, con la discusión del resultado Ghana – Brasil? Aquel que por casualidad analice estas ideas puede pensar que tales personas tienen pocas creencias y teorías en común. No obstante, muchos economistas y analistas financieros comparten una creencia que los une: ganan dinero prediciendo que el mañana será como el ayer. Siguen viendo por el espejo retrovisor del pasado.

Cualquier economista que hubiera predicho la vuelta de los depósitos a bancos nacionales luego del 2001 con la velocidad con que sucedió hubiera sido tildado, al menos, de demente. Después de que las cosas pasan, se atan hilos, cabos sueltos, elementos no tenidos en cuenta y listo, teoría cerrada. ¿Cerrada? O sea, adivinamos lo que ya pasó

Qué se puede predecir y qué no

En nuestro trabajo, las predicciones son un arma de doble filo. Por un lado, tenemos la experiencia, la prudencia y la data de aquel gurú. Entonces, con un poco de la cintura de Messi vamos tratando de decir algo sin quedar comprometidos, pero orientados a marcar una diferenciación palpable con nuestros asesores competidores.

No sigamos haciendo perfiles de inversores si luego no vamos a usarlos. Es como tirarle las cartas a alguien a quien ya sé lo que le voy a decir.

Este comportamiento, aparentemente sin un sentido profesional, pero bastante usual, se debe a que tenemos predicciones de oficio. Por sus gestos, por su cara, por sus dichos, en seguida “sabemos qué producto se adapta a cada cliente”. Le cuento un secreto: esta técnica es llamada por adivinos varios como “lectura en frío”.

El cliente es difícil de leer, por una razón muy simple: hace, dice y piensa cosas diferentes. Por otro lado, no podemos evitar tener nuestras propias hipótesis sobre las personas y las cosas.

Día a día trabajamos con mucha gente distinta, muy distinta, pero nuestra forma de analizar tiende a buscar puntos comunes y mirarlos por sus lados similares, o sea, empezamos a generalizar. Sabemos que toda generalización lleva irremediablemente a un error. Decimos que no lo hacemos pero fíjese usted mismo cuántas veces por día formula en forma taxativa alguna generalización. El problema que esto genera es la rotulación que nos propone; luego de toda generalización, las conclusiones son inevitables. Si estoy convencido de que lo único que le interesa a la gente es tener la más alta rentabilidad en el menor tiempo con la mayor seguridad posible, es como pensar que todo el mundo quiere algo bueno, bonito y barato. ¿Qué hago con esta conclusión imposible? Termino rotulando a los clientes de mercenarios incorregibles.

A partir de ese momento se pone complicado, porque ante una sentencia de este tipo no queda otra que adivinar el futuro. Con mercenarios no se puede. Entonces queda inaugurado un círculo vicioso que opaca la efectividad de muchos buenos asesores atrapados por certezas estériles.

¿Puedo adivinar el futuro?

No le conviene adivinar nada. Entienda, descubra, ponga en duda sus propias conclusiones no probadas. No entremos en la escalera de la inferencia (Chris Argyrys); sólo nos quitará influencia. Pregunte lo que tenga que preguntar, no dé nada por obvio.

A veces, cansados por los años de experiencia, nos parece que ya vimos todo. Hablamos con todo tipo de clientes, y las anécdotas de personajes raros o pintorescos las contamos por docenas.

Siempre vamos a encontrar la llave para poder darle al cliente lo que el cliente espera. Si el mismo cliente a veces no sabe qué necesita, no adivine por él. Trate de poner en palabras eso que él tiene en la cabeza. Mientras pensamos en el tipo de producto más adecuado para ese cliente, éste está pensando en títulos, acciones, afuera, acá, ColchonBank, o ladrillos en Pilar.

Pensemos paralelamente con quien tenemos delante de nosotros y no nos quedemos en buscar el rol de gurú. No debemos adivinar el futuro; debemos entender las tendencias. No nos enganchemos con las modas. Nos tentamos con productos nuevos, portafolios tentadores, etc.

Hay una diferencia entre moda y tendencia. Alguien me dijo una vez: la diferencia entre moda y tendencia es como la diferencia entre una ola y la marea. La ola es inconstante; depende de muchas variables y, además, va y viene. La tendencia es como la marea: si hay luna llena va a subir, y seguro que eso va a pasar.

Esta nota propone descartar la adivinación e intentar el estudio e interpretación de las cosas y los hechos. Es cierto que existen la inspiración y el instinto, pero son como las musas: a veces están y la mayoría de las veces no. Como no podemos operar al respecto, lo mejor es contar con lo que uno puede hacer y no con lo que ojalá pueda pasar.

Usted, mi amigo, sabe más de lo que usted mismo cree. Deje la percepción y trabaje con su oficio y experiencia. Le traerá mejores resultados. Los hechiceros de siempre seguirán discutiendo qué pasará, mientras que usted llegará a un acuerdo con su cliente, para felicidad de ambos.

Carlos Melo

Training manager Profit Group

Como Vender Jabón! (Eng)

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El único secreto para poder administrar su tiempo es:

Administrar el tiempo laboral requiere, antes que nada, revisar qué es lo que usted hace y no lo que dice que hace. Evitar verse como una víctima de un mundo alocado y al parecer sin un sentido lógico, nutrido de variables incontrolables, cataclismos coyunturales e insospechados emergentes que, con implacable certeza, desintegran sin piedad lo que usted planifica. Terrible, ¿no? Pero sin un análisis crítico de su gestión no podrá ver cuáles son sus ámbitos de mejora. Los cambios en los hábitos se dan a partir de la sensación de urgencia de otro resultado ante el tremendo espanto que le causaría un status quo. Más simple: si no hago algo, me comen los piojos. No llegue a tal situación para empezar con algo distinto. El desarrollo debe estar basado en el crecimiento y no en situaciones irreversibles.

Por eso, cuando alguien nos acerca una revista, un video o un artículo que habla de “time management”, aparentemente nos interesa, pero por alguna causa no lo vemos aplicable y entendemos nuestro caso particular como único (léase: “mi caso es distinto”).

Si algo de lo escrito arriba habla de usted, mi querido amigo, le cuento que está infectado por el Virus Cometiempo. Este terrible flagelo ataca a muchísima gente talentosa. Es fácilmente reconocible, pero su cura no lo es tanto, ya que parte de la recuperación depende de la actitud del paciente. El Virus Cometiempo ataca sin piedad los cinco sentidos. Veamos.

La vista: Creerá que su visión es infinita. Por lo tanto, usted no necesita demasiadas planificaciones, cuando en realidad lo que el Virus ha cambiado es su horizonte, y usted padece de una terrible miopía.

El oído: Sólo oye instrucciones, órdenes, pedidos de favores, o el temido: “¿Te puedo interrumpir un segundito?” Si alguna cabeza se asoma a su puerta más de cuatro veces al día, usted está muy grave.

El tacto: Empieza a perderlo, sobre todo con las relaciones más directas, o sea, las clave, y la falta de tacto puede afectar hasta su entorno.

El olfato: Todo huele a quemado. Las cosas importantes quedan postergadas por las urgentes, y usted vive con la sensación de que llega tarde a todo. Para colmo, empieza a perder otros olfatos, como por ejemplo el de la motivación o el comercial, y deja de oler nuevas oportunidades y nuevos mercados.

El gusto: Aquí viene lo más difícil. El Virus ataca el más importante de los sentidos: el gusto. Usted se preguntará por qué. Es simple: cuando el invasor compromete sus glándulas, el decir la palabra “No” produce un gusto muy amargo y difícil de soportar. Usted pierde la capacidad de decir que no, su derecho como ser humano, su libertad para decir “no puedo reunirme con nadie hoy”, “no voy a hacerlo porque no tengo tiempo”, “este trabajo no me lo dejes”. En fin, no me dejes este mono.

Si y sólo si usted logra tolerar el sabor amargo que produce el decir “No”, podrá manejar su tiempo. Todas las herramientas que encuentre (le puedo recomendar varias), desde las leyes de Parkinson hasta Acosta, Covey e innumerables autores que han estudiado las mejores herramientas de administración del tiempo, se basan en la planificación y priorización de tareas. Mi amigo: logrará más fácilmente el resultado de cualquier técnica si dice, en todo su derecho, “No”.

Si su política es de puertas abiertas, haga pedidos de tregua. Si sus reuniones son improductivas, frecuentes y largas, cambie su comportamiento, enfoque y concentración. Si la gente lo consulta todo el tiempo, recuerde que la culpa no siempre es del chancho. Pero usted tiene el derecho y el deber de cambiar.

Mi amigo, después de entrenar a mucha gente en estas habilidades durante años, descubrí que sólo los que soportan el sabor amargo de decir “No” saben que esto no afectará sus relaciones. La gente lo seguirá respetando y aprenderá a reconocer que algunos límites han cambiado. Tenemos el poder de elegir más de lo que creemos, y decir “No” es una elección.

Es su turno. Debe elegir. Pero antes le digo esto último: elija lo que elija, sólo le importará a sted. La gente seguirá pidiendo y las tareas se seguirán acumulando. Pase lo que pase, como dice el viejo cuento sufi, “la respuesta esta en sus manos”.

Carlos Melo

Director de Desarrollo y Entrenamiento

Profit Group

carlos.melo@profitargentina.com

Manual básico de Protocolos para atender una queja o reclamo

Manual básico de Protocolos

Durante años muchas empresas sentían que enfrentarse a una queja o reclamo de un cliente era un problema, por lo tanto vivimos y sufrimos como clientes una tremenda indiferencia a lo que teníamos para decirle a la empresa en la que habíamos confiado. Por otro lado, seguramente tendremos muchas anécdotas sobre lo bien que nos atendieron esa vez que tuvimos un problema, y por ello seguimos siendo clientes de esa compañía y no pensamos en cambiar de proveedor. Generalmente fueron actos heroicos, comprometidos, pero a la vez aislados.

Hoy las empresas y comercios nos hemos dado cuenta de todo lo que se aprende escuchando realmente al cliente, en vez de evitarlo. Aprendimos a aceptar nuestra contribución al problema y tratamos de resolverlo de la mejor manera para ambas partes y de esta forma poder aumentar la lealtad de nuestra cartera.

Aquí le ofrecemos una serie de definiciones, sugerencias que le pueden ayudar a manejar mejor estas situaciones.

Definiciones

Por definición una queja, un reclamo o una sugerencia son expresiones por parte de los clientes que nos quieren expresar algo específico, por ello debemos atenderla con premura y cuidado para la soluciones de las mismas.

Las quejas son expresiones de enojo a una experiencia ya vividas con nuestra empresa. Por lo tanto lo indicado es después de una disculpa, tratar de rehacer la relación obteniendo una segunda oportunidad

Un reclamo en cambio, habla de parte de la promesa de producto o servicio que no ha sido cumplida por la empresa. Puede ser real o percibida, no obstante luego de una disculpa analizaremos el caso dando la respuesta correspondiente sobre:

Actores, procesos, tiempos de resolución,

Una sugerencia es por el contrario, alguien que estando satisfecho con el producto/servicio nos da una idea concreta sobre cómo podemos mejorar su propia expectativa

Empatía con el cliente:

Empatizar no quiere decir darle la razón a un cliente. De este modo estaríamos dándole la razón al cliente sin analizar el caso. Debemos contener a la gente cuando se dirige a nosotros en un estado emocionalmente negativo y provocado además por nuestra empresa. Para ello entienda como se siente y compréndalo, esto no lo compromete a ninguna solución ni pedido del cliente, simplemente estamos logrando que se sienta entendido.

Protocolos

Para responder una queja

Paso 1

· Contacto con el cliente dentro de las cuarenta y ocho horas.

· Presentarse como gestor de la queja, reclamo y sugerencia, con nombre y apellido y algún medio de contacto, e-mail, teléfono, etc (queja en este ejemplo).

· Agradecer siempre el contacto.

· Aclare la situación si dispone de alguna información objetiva avalada por la empresa (ej: el problema que le ocasionó esto fue por tuvimos un corte…..)

· Si el problema fue generalizado y la queja se está repitiendo copie siempre la misma explicación corporativa.

· Vuelva a agradecer

Prohibido:

Dar nuestra opinión, contestar interpretando lo que el cliente escribió (lo que Ud. me esta diciendo es que…), relativizar la queja ( no es para tanto!), minimizarla (bueno, usted tuvo todo esto, solo falto…), discutir (argumentar diciéndole que su queja no esta bien planteada), excusarse echándole la culpa a otro sector o proveedor indirecto (contratistas, fletes)

Recomendamos no usar frases negativas tipo: Difícil, no podemos, no hacemos, no corresponde, no creo, va a ser imposible, vamos a ver,

Para responder un reclamo

Paso 1

· Contacto con el cliente dentro de las cuarenta y ocho horas.

· Presentarse como gestor de la queja, reclamo y sugerencia, con nombre y apellido y algún medio de contacto, e-mail, teléfono, etc

· Agradecer siempre el contacto

· Explicar en que va a consistir su gestión

· Describir cuales son los procesos para que ésta gestión se realice, sin dar información confidencial de la empresa (ejemplo: - Voy a pasar esta información al comité, voy a enviarlo al jefe de la región.)

· Comente cuales son los tiempos aproximados para darle una respuesta de acuerdo a los circuitos explicados anteriormente.

· Vuelva a agradecer Continuará